Guadalmez, el río que nos lleva

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Semana Santa de 2013. Jueves Santo.

Había quedado con unos buenos amigos para hacer una excursión por la ribera del Guadalmez con la intención de ver la escasa cigüeña negra y observar como los barbos remontan la Presa de Mendoza.

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Como he comentado muchas veces en este foro, y más concretamente en el post dedicado a la cigüeña negra, el Guadalmez es uno de las mejores zonas de Península Ibérica para poder disfrutar del vuelo de esta especie tan amenazada.

En esta ocasión me acompañarían Toñy Soriano, moderadora del foro de “amigos reunidos”, Manolo García, colaborador en el foro de “Almadén y sus rincones”, y Belén Aguilera y Pablo Hidalgo colaboradores con el que les escribe, en el foro de “AlmadénEcoNatural”.

Tras recogerme, cortésmente, en la estación de tren de Guadalmez, nos fuimos en todoterreno para tratar de pasar un rato agradable, disfrutando de los magníficos paisajes del Guadalmez y de su interesante fauna.

Mientras llegábamos al camino qué nos llevaría a la presa de Mendoza, Pablo nos animaba el trayecto con sus interesantes explicaciones sobre fauna del valle y Belén sobre la flora de éste.

Dejamos el coche en una pista de tierra y ante nosotros no se nos podría presentar un paisaje más idílico. Con la primavera tan lluviosa desde el año 1947, el campo no podía estar más bonito. La dehesa estaba completamente encharcada y los arroyos bajaban al río con fuerza. Estas charcas eran aprovechadas por las lavanderas blancas para buscar alimento.

Las tórtolas turcas y las palomas torcaces se dejaban ver tímidamente entre las copas de las encinas y pasó volando cerca de nosotros una esquiva abubilla.

Entre los prados de la dehesas podíamos contemplar como las ovejas daban a luz los pequeños corderitos y una gran bandada de buitres leonados esperaban su turno, para comerse la placenta de los recién nacidos.

En los postes de las vallas metálicas de la fincas ganaderas, los trigueros
se dejaban oír con sus melodiosos cantos anunciando qué la primavera había comenzado y que el fotoperiodo, con más horas de luz, ya les incitaba a comenzar el celo.

Las cogujadas comunes, con su típico aleteo, esquivaban como podían los rebaños de ovejas.

Mientras nos dirigíamos a la Presa, Manolo intrépidamente pudo sacar unas muy buenas fotos a las cigüeñas blancas qué anidaban cerca del río.

En este plácido paseo oía ensimismado las explicaciones de Belén y Pablo sobre la flora de la zona del Valle de Alcudia, dándonos una magnífica clase de botánica y los interesantes comentarios sobre la historia de las Minas de Almadén de Toñy.

Instantes antes de llegar a la presa pudimos ver sobrevolar una importante formación de cormoranes grandes. Es un ave qué últimamente se ha hecho muy abundante en el Embalse de la Serena y zonas aledañas.

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Al llegar a la presa nos llevamos una pequeña desilusión. El río bajaba con mucha fuerza pero allí no había rastro de los barbos. Las incesantes lluvias y las fechas tempranas de la recién estrenada primavera había hecho que nos adelantáramos a este acontecimiento natural tan interesante de ser fotografiado.

Pero nuestra decepción iba a durar muy poco. Toñy, Pablo y Manolo, nos habían cogido ventaja y me quedé con Belén para  hacer un barrido con los prismáticos. En ese instante nos pasó una garceta grande volando con vuelo parsimonioso. Es una de las garzas más escasas de las qué habitan en la península y es muy esquiva de ver. El río Guadálmez cuenta con el privilegio de ser uno de los pocos donde con paciencia la podemos observar y fotografiar.

Y después de este buen regalo ornitológico llegó la guinda de esta excursión.

Decidí apuntar con mis prismáticos a una isla con vegetación donde había una buena colonia de garzas reales, garcillas bueyeras, garcetas grandes y cormoranes.

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Y derrepente, ¡eureka!, allí estaba: ¡la cigüeña negra!. Un magnífico ejemplar camuflado entre tantas garzas. Grité al grupo más adelantado ¡chicos, tenemos la cigüeña negra!. Y allí estábamos los cinco, disfrutando de esta joya de la fauna ibérica. Un auténtico lujo, que demuestra la riqueza natural y el magnífico estado de conservación con que cuenta el Guadalmez, hábitat de otras especies tan amenazadas como la nutria.

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Y como colofón, otro ejemplar nos pasó por encima de nuestras cabezas. ¡Objetivo cumplido!, no todos los días se ven dos cigüeñas negras y nosotros éramos unos auténticos privilegiados de contemplar una escena natural tan cautivadora como ésta.

Después de este magnífico momento, decidimos retomar un poco más el cauce del río.

En el caminos nos acompañaban aviones comunes y golondrinas comunes, especies anunciadoras de la llegada de la primavera, que llegan desde las lejanas tierras africanas a pasar los meses estivales en el valle.

Manolo me hizo un gesto porque había encontrado una bandada de patos que quería fotografiar. Entre tantos ejemplares de ánades reales, había un interesante ejemplar de ánade friso.

Entre la vegetación de ribera se escondían mirlos comunes, urracas, jilgueros y un revoltoso y llamativo petirrojo.

Decidimos cambiar de itinerario y dirigirnos a la zona de invernaderos del río, pues en aquella zona se forman interesantes islas, donde hay buenas concentraciones de aves.

Las nubes nos dieron una tregua, y mientras Toñy, Pablo y Manolo nos contaban anécdotas de Almadén y Guadalmez, entre las nubes dos interesantes ejemplares de águila calzada nos sorprendieron sin los prismáticos en las manos. Luego nos estuvimos recreando con ellas, hasta que desaparecieron entre las montañas.

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En la zona de invernaderos pudimos comprobar los estragos qué habían causado las incesantes lluvias, en las zonas de cultivos.

Entre los rebaños de las ovejas merinas, las garcillas bueyeras, esperaban ansiosas a qué las ovejas espantaran algún insecto con el qué alimentarse.

En la otra orilla del río intentamos identificar infructuosamente, una pareja de gansos. Al estar tan lejos, nos quedamos con la duda de qué especie se trataban.

Poco antes de subirnos al coche un bando de grajillas, nos pasó a modo de despedida.

Al regreso en el todoterreno, de camino a la estación de tren, charlábamos distendidamente sobre las 22 especies de aves qué habíamos visto en un recorrido de 3 horas aproximadamente. Pablo y Toñy nos amenizaban el trayecto con anécdotas de Almadén, Belén con curiosidades de geología y Manolo sobre los próximas salidas qué haría para incluirlas en su blog.

Me acompañaron amablemente a la estación y nos despedimos citándonos para la próxima salida. Ellos partieron a Almadén y yo cogí el regional dirección a Cabeza del Buey.

Esta es la crónica de un magnífico día de campo, con unos buenos amigos, y como telón de fondo el río Guadalmez.  El río qué a la vez que vertebra los tres grandes valles ganaderos de la península: Los Pedroches, Valle de Alcudia y la Serena, también une a gentes de estos lugares, en este caso, amigos del Valle de Alcudia con amigos de La Serena.

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El Valle de Alcudia y su río el Guadalmez, un valle y un río mágico, llenos de leyendas, mitos y rincones naturales únicos, donde es un placer compartir amistad, en un entorno natural tan privilegiado. El río que nos lleva.

¡Felices avistamientos!.

© Rafael Almena

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6 thoughts on “Guadalmez, el río que nos lleva

  1. Pingback: Del Valle del Rift al Valle de Alcudia | Almadén econatural

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