Comadreja: la pequeña matadora

Comadreja de Rosa Bachiller

Ya comenté en el post dedicado al águila perdicera, lo provechosa que fue la visita ornitológica que realizamos con la Sociedad Española de Ornitología en abril de 2010.

Después de un sábado de intensas emociones naturales con avistamientos de águila perdicera y buitre negro en la Sierra de La Cerrata en Almadenejos, y de cigüeña negra y huellas y restos de comida de nutria en Guadalmez, nos retiramos a dormir a la localidad de Puertollano.

El domingo se presentaba bastante fresco, había sido una primavera muy lluviosa, y nuestra siguiente parada eran las dehesas de la aldea de la Bienvenida, una pedanía de Almodóvar del Campo famosa por los restos arqueológicos de Sisapo.

Antes de tomar el autobús, un bello ejemplar de roquero solitario, situado en el mismísimo techo del hotel, nos despidió deseándonos suerte en este magnífico domingo primaveral.

Después de disfrutar de las bellas vistas del Valle de Alcudia que se ven desde Puerto Pulido, pasado Brazatortas, y tomar el desvío hacia Alamillo, nos recreamos con el paisaje que se nos ofrecía a través de los cristales del autobús.

solana del valle de alcudia

La carretera transcurre por corazón del Valle de Alcudia y a los lados de ésta,  se pueden ver las dos formaciones montañosas que dividen el Valle: La Sierra Solana del Valle de Alcudia, al Norte y la Umbría del Valle de Alcudia al Sur. Ambas son Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), y haciendo honor a su nombre pudimos ver numerosos ejemplares de alimoches cerca de la carretera.

umbría del valle de alcudia

Éstos, juntos a bandadas de buitres leonados, y alguno negro, aprovechaban que las ovejas habían parido para comerse los restos de parto, como las placentas.

Hicimos una parada en el pintoresco bar de carretera del pueblo, y desde allí cogimos todo el material fotográfico y óptico en dirección a las dehesas de La Bienvenida.

Pasamos cerca del famoso yacimiento de Sisapo y pudimos fotografiar las huellas del vulcanismo extinguido en la zona, representado por unos conos volcánicos.

cono volcánico

Tras algunas especies interesantes como una pareja de cogujadas montesinas, paramos a comer en un marco natural idílico, con infinitas dehesas salpicadas de numerosas flores.

Tras una buena caminata donde pasamos por algún cortijo ganadero, al subir al autobús de vuelta a Madrid, tendríamos una sorpresa final mayúscula a este viaje tan productivo en especies avistadas.

Una compañera nuestra nos hizo un gesto diciendo, ¡mirad chicos que ratas tan graciosas en esa cuneta! Yo estaba situado a la derecha del autobús, y tenía una buena visión,  casi se me encoje el pecho cuando pude ver con claridad de que se trataban.

Con un momento de titubeo, agitando los brazos dije a todo el autobús, ¡eso no son ratas, son, son… comadrejas!

Al unísono, todas las personas del autobús se abalanzaron a los asientos de la derecha con sus telescopios, prismáticos y cámaras fotográficas.

Eran dos bellos ejemplares de comadreja, que estaban en un mojón de piedras, junto a la cuneta de la carretera. Estaban jugando, dando saltos y jugando al escondite, en actitud de celo primaveral.

Estaban tan confiadas que hasta nos pudimos bajar el autobús y poder fotografiarlas con más detenimiento.

Nuestra compañera, Rosa Bachiller, hizo magníficas fotografías, que ilustran este reportaje.

La comadreja, Mustela nivalis, es un pequeño depredador de inconfundible apariencia: esbelta y muy alargada, con un color marrón claro o pardo rojizo, con manchas blancas bajo la boca, garganta y abdomen. Se diferencia de su primo el armiño, Mustela erminea, en que este tiene al final de la cola una mancha negra. Además el armiño habita en la zona más septentrional de la Península Ibérica, desde Galicia, pasando por toda la Cordillera Cantábrica y la comadreja tiene una distribución más sureña.

Posee una magnífica visión tanto nocturna como diurna, con una gran agilidad, que le hace subirse a los árboles, muros de piedra, realizar saltos e incluso nadar.

Estas dotes de pequeña atleta la convierten en un magnífico pequeño depredador.

Su dieta la componen topillos, lagartijas, ratas, ardillas, y es tan osada que se atreve con presas del tamaño de conejos, liebres, serpientes, y se han dado casos de haberle hecho frente y dado muerte a alguna ave de presa. Completa su dieta con ranas, insectos y la materia vegetal sólo ocupa un 5% de su dieta.

En cuanto a su hábitat prefiere zonas abiertas como zonas de cultivo, matorral bajo, muros de piedra, mojones, y casas abandonadas.

Es muy frecuente verla en los muros de piedra que separan las fincas, o los muros de zonas de olivares. Frecuenta las zonas humanizadas, para alimentarse de los ratones y ratas que acosan las cosechas de los humanos, lo que la convierte en una magnífica aliada contra las plagas de roedores.

Luego, con esta afinidad a los entornos humanizados, no era de extrañar que nos la encontrásemos, en una cuneta de una carretera.

Así que ya sabéis, si vas conduciendo por alguna de las carreteras que discurren por el Valle de Alcudia, no perdáis de vista ni si quiera las cunetas, porque en este sitio tan desapercibido, podéis presenciar una escena de caza de nuestra pequeña matadora.

Agradecer a mi compañera Rosa Bachiller de la Sociedad Española de Ornitología el que nos haya cedido la foto de comadreja para realizar este reportaje.

¡Felices avistamientos!

© Rafael Almena

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