Valle de Alcudia: el otro Serengueti manchego

Había quedado con mi compañero Pablo Hidalgo de Almadén, colaborador de este foro, para hacer una ruta por varios lugares del Valle de Alcudia, con la intención de ver muflones y ciervos. La zona elegida sería unas fincas cinegéticas en la pedanía de Fontanosas, en terrenos muy cercanos a la estación de tren de Caracollera.

Muy pronto, en la última semana del mes de agosto y con las lluvias del final del verano, estas harían que se activase la berrea del ciervo, que suele oscilar entre los meses de septiembre y Octubre. En esta época los imponentes machos, con su espectacular cornamenta abandonan su escondite en las sierras con monte bajo, y bajan a las zonas de la raña y la dehesa para realizar sus combates, y así conseguir un buen harén con el que perpetuar sus genes.

Ya se iban notando que los días cada vez eran más cortos y las noches más frescas, y numerosos animales se empezaban a preparar para su migración a tierras africanas.

Pablo me recogió en la estación de autobuses de Almadén y después de los correspondientes saludos oportunos, tomamos la carretera de Almadén a Puertollano en dirección a Fontanosas, disfrutando de un bonito amanecer.
Mientras nos deleitábamos con los cautivadores paisajes de dehesas y sierras entre Almadén y Almadenejos, oía con mucho interés su narración sobre los comentarios que al él le llegaron sobre un lince ibérico avistado muy cerca de Almadenejos. Pasamos justo por la zona de campeo del misterioso felino y dirigí mi mirada a ese lugar, buscando un golpe de fortuna imposible, por si dejaba ver.

Como contrapartida a este intento de ficticio, un numeroso grupo de rabilargos nos daban los buenos días con sus inconfundibles graznidos.
A altura de la Dehesa de Castilseras, y según iba calentado el día, los primeros buitres leonados aprovechaban las térmicas para planear por todo el valle en busca de carroña.

El trayecto entre Almadenejos y Fontanosas no puede ser más interesante para cualquier amante de la naturaleza salvaje. Se trata de una zona muy bien conservada de sierras cuarcíticas con monte bajo, dehesas y bosques en galería junto al Valdeazogues y sus afluentes. Un ecosistema ideal para especies tan amenazadas como alimoches, águilas perdiceras o cigüeñas negras.

GE DIGITAL CAMERASi a toda esta riqueza natural le añadimos los magníficos relatos de Pablo sobre la fauna del Valle y la existencia de pinturas rupestres, hacen que el paisaje cobre, si cabe, aún mayor belleza.

Llegamos al pueblo de Fontanosas, una hermosa pedanía de Almodóvar del Campo situada en uno de los parajes naturales más bonitos del Valle de Alcudia.

La carretera hasta la finca cinegética que íbamos a visitar era muy tortuosa, con muchas curvas y poco arcén, con unos paisajes dignos de ser fotografiados cada pocos kilómetros. Se van sucediendo sierras de monte bajo, dehesas infinitas y pastizales en zonas de raña. Los bosques de galería de los ríos Quejigares y Fresnedillas, afluentes del Valdeazogues, le añaden aún más variedad y belleza a este idílico lugar.

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En una recta de la carretera me fijé que en una dehesa lejana, había una silueta negra de gran porte. Pablo paró en la cuneta para que identificásemos de qué especie se tratase.

Y tras coger los prismáticos y agudizar la vista nos llevamos la primera sorpresa del día.

¡Un magnífico ejemplar de buitre negro!. Su porte es colosal. La mayor rapaz europea posee una envergadura que en algunos ejemplares, puede llegar a los 3 metros.

Poco tardó en notar nuestra presencia y en breve alzó el vuelo perdiéndose entre la dehesa, no sin antes mostrarnos su magnífico vuelo.

Existe una importante colonia de estas magníficas carroñeras en la zona de la Bienvenida, y también se ven ejemplares en la Sierra de la Cerrata en Almadenejos. A esto hay que añadir los que realizan campeos desde la zona del Parque Nacional de Cabañeros o desde la Reserva Nacional de Caza del Cíjara.

Después de este interesante avistamiento, Pablo decidió llevarme a una finca donde hacía un par de meses había fotografiados a los muflones.

La reverberación del sol nos molestaba para poder observar los ciervos, así que probamos suerte junto a una valla cinegética donde había un claro en la dehesa.

De repente, un sonido ronco y fuerte procedente del valle nos puso en alerta. Luego otro sonó desde el fondo de la dehesa y otro desde la zona de la raña.

No había duda, era el bramido de los machos de ciervo común. Este penetrante bramido es uno de los sonidos más espectaculares que se pueden oír de la fauna ibérica.

Las encinas y la valla cinegética no nos dejaban ver los machos que estaban ocultos en el fondo del valle. A lo lejos, en medio de un claro en la zona del pastizal, observamos tres ungulados que estaban pastando. Estaban demasiado lejos, y la luz no nos dejaba distinguirlos con facilidad.

Dudábamos si se trataban de hembras de ciervo común o hembras de muflón.

Con buenas dosis de paciencia llegamos a la conclusión de que se trataban de hembras de muflón. Su menor tamaño respecto a las ciervas y las manchas blancas y negras de los traseros nos sacaron de dudas.

Poco después apareciendo un pequeño grupo de hembras de ciervo común.

Decidimos volver al todoterreno y en la otra parte de la carretera pudimos ver otro buen grupo de hembras de ciervo, que nos contemplaban con gran curiosidad.

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Al principio parecían algo confiadas, y nos dejaron tomarles una buena cantidad de fotos. Después intentamos acercarnos un poco más para hacer mejores fotos, y decidieron que habíamos sobrepasado su línea de seguridad y huyeron dando graciosos brincos refugiándose en un bosquete de encinas.

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Los machos no se dejaban ver. Estaban en lo más profundo del valle y nos tuvimos que conformar con sus bramidos.

Antes de volver a coger el coche dos hembras con una pequeña cría se dejaron ver al galope camino de una charca cercana.

Poco después, tomamos el todoterreno y continuamos nuestra ruta hacia la pedanía de Valdeazogues.

Justo en el cruce en la carretera con Almadén Pablo paró para ver un cartel sobre la “Ruta de Don Quijote”. Mientras, yo intentaba fotografiar un interesante ejemplar de alcaudón común, que estaba posado en un poste de la luz.

Hicimos una breve parada en Valdeazogues. Una pintoresca aldea con una arquitectura tradicional muy cuidada, rodeada de un paisaje de monte mediterráneo que la hace aún más atractiva.

La siguiente parada sería en la estación de tren de Caracollera.

Bandos de abejarucos y golondrinas comunes se iban concentrando en los paisajes del entorno de la estación, preparándose para la migración a sus cuarteles de invierno.

Pablo me comentaba sobre la historia de la estación de tren y de la línea de ferrocarril.

Con sus comentarios me venía a la memoria mis viajes en el tren cuando era pequeño, y cuando el conductor del tren paraba a llenar su botella de agua en la fuente de la estación. Recuerdo esa agua con un sabor tan exquisito, procedente del manantial de la Sierra de Caracollera.

Un buen bando de estorninos negros aprovechaba las tejas de la estación de tren para hacer sus nidos. Sus estridentes sonidos nos llamaron su atención.

El día seguía avanzando y cada vez se veían más buitres leonados planeando  por los cielos del valle.

Pablo, muy buen conocedor de rincones naturales del valle, me llevó a un lugar que nunca había visitado.

El paraje del Lituero entre Gargantiel y Almadenejos es un canto a la riqueza del monte mediterráneo.  Su mezcla de paisajes de dehesas, bosque de ribera, sierras cuarcíticas y la buena calidad de las aguas del Valdeazogues, le convierten en un rincón ideal para la nutria o la cigüeña negra.

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Decidimos dar un agradable paseo por la orilla del río. El estío se comenzaba a notar, y en algunas zonas del río había charcones y tablas donde las tórtolas turcas y las palomas torcaces aplacaban su sed contra los calores veraniegos.

Mientras caminábamos, Pablo me explicaba la leyenda del Peñón de las Tres Hermanas. Cuenta la leyenda que tres hermanas se ahogaron en el Valdeazogues y surgieron tres peñones en su memoria, y que en la noche de San Juan los peñones se convertían en las tres hermanas.

Buscamos por la orilla rastros y huellas de nutria pero no hubo suerte y así decidimos hacer un último intento con los ciervos en la dehesa de Castilseras.

Antes de llegar a la entrada a la finca vimos una enorme rapaz posada sobre un poste.

Su prominente cabeza y sus grandes ojos naranjas la delataban a distancia. Era un buen ejemplar de águila culebrera. Cuando intentamos fotografiarla, y se sintió observada, huyó entre la espesura de la dehesa.

Y por fin llegamos a la Dehesa de Castilseras. Es curioso la similitud que existen entre los paisajes del Parque Nacional de Cabañeros y el Valle de Alcudia. Y ambos son similares a la vez, con los ecosistemas de la sabana africana, concretamente del Parque Nacional del Serengueti en Tanzania. De hecho a Cabañeros se le conoce con el sobrenombre de “El Serengueti español”.

Las sierras cuarcíticas, las dehesas,  y los pastizales de la raña donde pastan grandes ungulados como ciervos comunes o muflones y donde sobrevuelan aves carroñeras como buitres negros y leonados, son una fotocopia de las sabanas africanas.

Es tal la similitud del valle de Alcudia con las sabanas del África Oriental que especies que habitan allí como elanios azules o buitres de Rüpell han encontrado en el valle, un ecosistema ideal para colonizar. No es extraño ver volar buitres de Rüpell en la zona de la Sierra de Puertollano, como lo hacen por tierras africanas.

Según nos íbamos adentrando en la dehesa de Castilseras se nos presentaba ante nosotros una buena visión global de la estructura geomorfológica y natural del valle.

Un extenso valle, horadado por el río Alcudia, rodeado de pastizales y dehesas diseminadas y cerrado al norte por la alineación montañosa de la Sierra de Cordoneros (Almadén) y Sierra de la Cerrata (Almadenejos) y al sur la alineación de la Sierra Umbría del Valle de Alcudia (Alamillo).

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Tras recorrer varios kilómetros sin rastro de los ciervos llegamos al río Alcudia.

Antes de cruzarlo, paramos un poco para rastrear el río y pudimos observar garzas reales y garcillas bueyeras que descansaban plácidamente en el río.

Justo después de cruzarlo, volvimos a ver volar otra águila culebrera.

Tras varios kilómetros por pistas de tierra, acabamos en la carretera de Alamillo, llegando al pueblo y observando las magníficas vistas de la Sierra Umbría del Valle da Alcudia.

Para finalizar esta interesante ruta repusimos fuerzas con unas cervecitas frescas en una terraza, junto al monumento al minero en Almadén, uno de los símbolos del pueblo.

Cuando volváis a vuestro pueblo en el tren y paséis por la estación de Caracollera, y hasta la estación de Fontanosas, sentaos junto a la ventanilla y abrid bien los ojos. Estad atentos porque en cualquier instante podréis ver algún buen ejemplar de ciervo común con su imponente cornamenta. Y si es en época de berrea, mucho mejor.

¡Felices avistamientos!

Nota: Quería agradecer a mi compañero Pablo Hidalgo su inestimable ayuda para la realización de este artículo.

© Rafael Almena Cuevas

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