Ganso del Nilo: el vecino exótico del Guadalmez

 

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Llevaba varios años oyendo relatos de mis compañeros pescadores, que habían observado un extraño ganso en las orillas de la cola del Embalse de la Serena.

En el post de este mismo foro titulado “Guadalmez, el río que nos lleva”, escribí que junto a mi compañera Belén Aguilera habíamos observado en la orilla del río a tres ejemplares, pero que debido a la mala visibilidad, desgraciadamente no pudimos confirmar de si se trataban de esta especie, aunque con estos argumentos, ya estábamos sobre la pista.

 

Con el aliciente de descubrir la identidad del supuesto ganso, sumado a la riqueza ornitológica del río Guadalmez, decidí hacer una ruta en bici desde la estación de tren hasta la cola del embalse, apuntando todas las especies que se me cruzaran en la ruta.

 

Fecha: 13 de julio de 2014. Estamos a mediados del verano. Se notaba en el ambiente como las especies estivales se daban prisa en alimentar a sus crías para sacarlas adelante ya que pronto llegaría finales de agosto y deberían hacer un largo viaje de vuelta a sus cuarteles en tierras en africanas.

Al bajarme del tren, en los tejados de la estación ya se dejaban ver las primeras especies de aves, las más acostumbradas a vivir a expensas del hombre. Gorriones comunes, golondrinas comunes y tórtolas turcas me daban la bienvenida a Guadalmez.

Tomé la carretera en dirección al pueblo, intentando pedalear lo más rápido posible pues ya el sol calentaba con justicia. En la recta antes de llegar al puente que pasa por las vías del tren, una banda de rabilargos cruzó la carretera para esconderse en los encinares del Cerro de Buenos Aires.

Paré en la subida del puente, para poder ver un nido de cigüeñas blancas que estaban dando de comer a sus cigoñinos. Este año la pareja había sacado tres retoños, que clamaban con insistencia para comer su porción de alimento.

A ambos lados de la carretera, en los postes de las fincas ganaderas, los alcaudones comunes, los usaban como posaderos, pendientes de saltamontes, lagartijas y ratoncillos con los que llenar el buche. Este simpático pajarillo tiene por costumbre insertar a sus víctimas en zarzas y alambres de espinos. Así que si veis algún ratoncillo o lagartija en estas condiciones, ya sabes quién puede ser el responsable.

A la altura del helipuerto, un pequeño bando de palomas torcaces se agrupaban en la sombra de una gran encina, ante el sofocante calor de la mañana

Hice un alto obligado en el puente sobre el Guadalmez. Es típico asomarse a la orilla del río para ver como los galápagos toman el sol en algunas de sus piedras. Sin faltar a su cita, volví a fotografiar un grupo de tres galápagos leprosos que dan nombre a la isla que tiene el río más arriba del cauce del puente.

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A la entrada del pueblo, en una zona de pinar, un bando mixto de verdecillos y jilgueros puso una nota de color a la entrada del pueblo.

Tomé el camino de la depuradora, para llegar cuanto antes a la orilla del río.

Antes de dejar las construcciones de casas y pequeños chalets, algunas golondrinas comunes hacían vuelos rasantes cerca del suelo. Más arriba sus primas las golondrinas dauricas se dejaban diferenciar bien de estas últimas, por el color rojo típico del obispillo.

Después de los invernaderos, comienza una zona de paisaje de dehesa muy interesante para ver aves y allí, entre las hierbas se encontraban dos abubillas rastreando el terreno con sus picos en busca de algún insecto despistado.

Los abejarucos se dejaban sentir por su inconfundible canto, y más adelante, en un vallado de ganado, ocho ejemplares todos bien alineados, esperaban su turno para darse un festín, ante alguna incauta abeja o avispa que pasara cerca de su radio de acción.

Las cogujadas comunes corrían veloces por el asfalto ante mi presencia según pedaleaba con más velocidad.

Al llegar a la orilla del río decidí bajar de la bici y buscar rastros de presencia de nutria en el río. No tardé en dar con las pistas oportunas. Encima de una piedra había restos de espinas de pescados y escamas, lo que delataba que nuestro escurridizo mamífero se había dado un festín unas horas antes.

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Muy cerca de allí, un gran eucalipto seco alberga una estridente masa de aves negras. Sus ruidos llamaron poderosamente mi atención. Al mirar con los prismáticos pude comprobar que se trataba de  una formación mixta de estorninos negros y grajillas. Las grajillas ganaban en número, y al final, fueron capaces de expulsar a los estorninos.

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Según iba avanzando con la bici, en la orilla izquierda del río se comenzaban a ver buenas poblaciones de garzas con las que cuenta el Guadalmez: garcillas bueyeras, garcetas comunes y garzas reales. Junto a ellas se le sumaban algunos ejemplares de ánades reales y ánades frisos.

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Y tras observar a estos últimos aparecen los protagonistas de este post: seis ejemplares de gansos del Nilo.

Nuestro vecino exótico es una especie de ganso de color pardo, con alas marrones rojizas y patas rosas. Habita en el sur del Sáhara entorno a la cuenca del río Nilo.

Es muy frecuente en países del Norte de Europa como Reino Unido, Países Bajos o Alemania, procedentes de escapes de ejemplares en cautiverio. Es algo menos común en Alemania y Francia.

La primera cita en España data de 1993 y a partir de 2006 se hace cada vez más frecuente su presencia.

Permanente todo el año, en invierno se avistan más ejemplares procedentes de las regiones Norte de Europa. También de escapes de zoológicos y colecciones privadas y descendientes de aves asilvestradas.

En el embalse de la Serena, en los últimos años, es relativamente fácil su observación.

 

El pasado mes de agosto, en compañía de unos amigos ornitólogos madrileños pudimos observar la friolera cifra de setenta y ocho ejemplares en la estación de Belalcázar (Córdoba), en la cola del embalse.

Tras esta sorpresa que no sería la única, decidí parar en una isla de tarayes en medio del río, que sirve de refugio para las numerosas garzas del río.

Sobre los árboles descansaban juntas garcillas bueyeras, garcetas comunes y garzas reales. Justo detrás de la formación una garza real se dejó fotografiar en una pose digna de una actuación de circo de lo cómica que era.

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Entro los tarayes un bello ejemplar de somormujo lavanco buceaba en busca de peces.

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Un poco más abajo del cauce del río dos cormoranes grandes extendían sus alas para secar sus plumas. Estas aves no poseen como el resto la grasa que impermeabiliza sus plumas, y necesitan estar un buen rato al sol con las alas extendidas en forma de cruz.

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Poco después dejé la bici en unos bancos de piedra que ofrecían una buena panorámica de unas encinas secas dentro del río.

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Sobre su copa seca había una gran colonia de garcillas bueyeras. Pero me llamó la atención una colonia de otras aves parecidas a las garzas pero que tenían un plumaje y las patas distintas. Estaban de espalda y hasta que no les pude ver el pico no las identifiqué. Cual fue mi sorpresa al comprobar que era un pequeño grupo de espátulas comunes. La segunda vez en mi vida que veía estas aves tan hermosas.

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En otras partes de la Península como Doñana o las Marismas de Santoña son más frecuentes de observar. Aquí en el Guadalmez es algo más difícil, lo que daba más importancia al hallazgo.

Tras deleitarme un buen rato con estas aves tan interesantes volví a coger la bici hasta unas graveras en la margen derecha del río.

Aquí llegaría la tercera sorpresa del día.

Desde el cielo, a modo de bala cayó un pajarillo, que con certera puntería volvió a salir con un pececillo en el pico. Se trataba de un charrancito común. Nunca antes había visto un ejemplar. Poco después volví a ver dos más.

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Junto a ellos había una pareja de lavanderas blancas, que escaparon asustadas ante el vuelo raudo y veloz de un andarríos chico.

A escasos metros, en un charco casi seco, dos chorlitejos chicos buscaban entre las piedras algo que llevarse al pico.

Eran las 12 de la mañana y el sol estaba en lo más alto. Los primeros buitres leonados aprovechaban las térmicas para volar desde la cercana Sierra de la Moraleja.

Con el tiempo justo para tomar el tren de vuelta a mi pueblo decidí no parar hasta la Presa de Mendoza, mi última parada en el camino.

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Allí pude comprobar los estragos del estío. El río era una sucesión de charcas. En ellas se bañaban algunos toros y vacas y sobre sus grupas descansaban las garcillas bueyeras.

La vuelta a la estación de tren no deparó más sorpresas y sólo añadí a la lista dos urracas y un mirlo común.

Si alguna vez vais a pescar o a dar un paseo a orillas del Guadalmez, podréis encontraros con algún ejemplar de ganso del Nilo. Una especie exótica que añadir a la tan variada y rica fauna ornitológica con la que cuenta este río del Valle de Alcudia.

¡Felices avistamientos!

© Rafael Almena.

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2 thoughts on “Ganso del Nilo: el vecino exótico del Guadalmez

  1. Hola Antonio. Cierto. Recuerdo perfectamente tu reportaje y te felicito, estaba muy interesante. Es increíble la expansión de esta especie. Nos sorprendió ver nada menos qué 78 en la estación de Belalcázar. El río Guadalmez esconde muchas sorpresas faunísticas. No me cansaré de repetir qué es uno de los mejores lugares de España para disfrutar de una buena jornada pajarera. Saludos.

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